Charría de Alonso y González Gómez. (2015). La lectura: un acto complejo. En Hacia otra pedagogía de la lectura. Buenos Aires: Aique. (9-24).
Autora: Amanda Insunza
¿Qué dice el texto?
El presente texto corresponde a una guía de acción y actividades para el mediador de lectura y concibe esta como experiencia y acto de comunicación y expresión. Los autores abordan, en primer lugar, el cambio que ha sucedido a nivel conceptual en los últimos años desde el concepto de enseñanza al de aprendizaje. El primero se trata de un proceso finito, vinculado a la escuela tradicional y definido por la pasividad del estudiante y su carácter de receptor y reproductor de la información entregada por el profesor. El aprendizaje, en cambio, se concibe como un proceso continuo, donde el estudiante es un ser pensante, actor y creador de su propia trayectoria. Al hablar del aprendizaje de la lectura, en particular, Charría de Alonso y González Gómez señalan que este debe ser personal y placentero y que necesita ser ejercitado para su perfeccionamiento. Asimismo, añaden que este aprendizaje entrega autonomía al estudiante para decidir qué, cuándo y cómo desea aprender y también el poder de crear, principal fuente de placer en la lectura.
Por otro lado, observan que las primeras experiencias de lectura tienden a determinar si las personas se convertirán en buenos lectores -es decir poseedores de hábito lector-, dependiendo de qué tan positivas son estas vivencias. De modo que la actitud de la familia incide en la postura del niño hacia la lectura y de ahí también que el mediador de lectura sea modelo de esta experiencia. Así, es posible categorizar las experiencias de lectura como por placer o por obligación, y el hábito lector se construye a partir de la lectura por gusto. El placer en la lectura, además, está estrechamente vinculado con la afectividad.
Los autores enuncian distintas funciones y efectos de la lectura, siendo estos conocer la realidad y analizarla, desarrollar un sentido crítico para plantearse y resolver interrogantes y promover la reflexión y el análisis. La lectura exige por sí misma una participación activa del lector, donde debe escoger y criticar y dar sentido y coherencia a la información. Además, permite adquirir conocimiento y comprensión del mundo, llevando a la formulación de preguntas y el desarrollo del asombro y la curiosidad frente a la realidad. Asimismo, se trata de una función clave en el proceso general de aprendizaje. De esta manera, la lectura facilita la comprensión de la realidad, de la vida misma, que se encuentra representada en los libros.
En otro orden de ideas, los autores tratan los medios de comunicación y el riesgo que implican al ser consumidos de forma pasiva. De ahí que sea de gran importancia construir herramientas para pensar críticamente, siendo una de ellas la lectura. Charría de Alonso y González Gómez concluyen declarando que la lectura lleva a los niños a desarrollar la autonomía, por un lado, como capacidad de tomar decisiones a partir de puntos de vista diversos, criterios claros y personales y actitudes y valores; y, por otro, la capacidad de pensar de manera crítica, al elaborar opiniones propias bien fundadas.
¿Qué me dice el texto?
La perspectiva entregada por los autores me resulta en su totalidad de gran relevancia para comprender la lectura a nivel de sociedad. Asimismo, el hecho de tener en consideración que “cada texto que el niño escoge para leer porque quiere encontrar una respuesta, porque desea tener una información y conocer una situación o un personaje, porque le gusta, constituye un elemento de placer a la vez que de conocimiento” (Charría de Alonso y González Gómez, 2015, p. 19) permite cambiar el modo en que los profesores comprenden el acercamiento a la lectura en aula y encaminarla hacia el goce lector.
Por otro lado, enfatizar que “[...] cada persona se enfrenta al texto con todo un bagaje de experiencias que determina su manera de interpretarlo y asimilarlo” (2015, p. 15) permite también no olvidar que cada interpretación es diferente y que un mismo texto contiene en sí mismo tantos significados como momentos de lectura y lectores tiene. Así, se trata de insumos con potencial casi infinito, donde los lectores pueden llevarse consigo algo diferente incluso cuando leen un mismo texto en diferentes momentos de sus vidas. Además, me parece muy relevante no olvidar que “somos los lectores quienes tenemos que recrear con nuestra imaginación el texto literario” (2015, p. 21), por lo que el acto de leer se constituye como una experiencia creativa per sé, que puede propiciar la exploración de aquel espacio mental de creación.
¿Qué le digo yo al texto?
Lo expuesto por Charría de Alonso y Gómez González me permite reflejar mi propia experiencia de formación como lectora, que partió desde el goce lector y un acercamiento cariñoso a la lectura por parte de mis padres. En relación con ello, también me resulta posible encontrar ahora una vinculación entre la creatividad que propicia la lectura con aquella que motiva la escritura. En mi propia experiencia vital, leer siempre ha sido la puerta de entrada a la escritura y, a partir de los autores, me es posible comprender que efectivamente se trata de dos aspectos que posiblemente se encuentran vinculados a partir del goce que produce la experimentación de vivencias plasmadas en un texto. Asimismo, creo que el goce lector puede ser la clave para comenzar a romper la hegemonía de las ideas de aquellos con mayor capital cultural y para acercar la lectura a las personas en un país donde las realidades individuales son tan diferentes entre unas y otras.
Javiera: El comentario ofrece una estructura clara del texto, desde donde pude extraer principalmente la idea del placer lector y la importancia de las primera experiencias lectoras para su determinación. Finalmente me gustaría hacer enfasis en las palabras de mi compañera al señalar que el goce lector puede significar una ruptura en la hegemonía entre aquellos que tienen acceso a lecturas y capital cultural, y aquellos que no.
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